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martes, 29 de mayo de 2012

Fuck la mort!



Estimada: infinitas gracias por los momentos mágicos (negros y blancos), hermosa vampira de la margen izquierda de las películas de terror con chicas lindas  e impronta surrealista. Mario Bava, estuvo bien, fue el troesma; Darío Argento, en ocasiones, estuvo genial. Pero Jean Rollin, el bueno, el zurdo de Rollin, te tuvo a vos, Franca.


Todavía te veo (y es literal) con colmillos, de extremista, de prostituta. Me encantas igual que antes. Todavía me fascina tu militancia, tu figura darky, tu cara. 


El otro día me enteré que hace poco te las picaste para la otra vida. Claro, esa es la versión oficial: vos sos vampira... y todos sabemos lo que dura un ejemplar de esa especie. Y yo, siempre llegando tarde, recién ahora me entero que, además, escribiste 7 novelas, y que cuando se te estaban agotando las pilas en la carcasa humana, te pusiste a hacer unos videos con tu hermano músico y tu hija. Y a esa productora experimental, le pusiste Fuck la mort.


De una, Franca. De una.


                                                         El niño que se enamoró de tu imagen en la pantalla, te saluda
                                                                                                               Merci beaucoup, Franca Mai


Crescendo (extracto)

      Ellos son como son.
      Tienen flores en sus bocas que se abren y cierran de nada. Los labios húmedos se destacan, parsimoniosos, luego de la explosión de risa del viento, entreviendo pequeños dientes nacarados, algunas fisuras. Sus pensamientos derruidos los colocan en un sueño ligero o profundo, todo depende de la velocidad del tren.

Las distancias son largas a veces…

      Y a menudo se ofrecen a mi mirada. Es por esa razón que me gusta tanto viajar. En realidad no tengo a donde ir, me dejo llevar por mis arranques; tickets arrugados en el bolsillo, para el acceso a carriles desconocidos o hacer el trayecto en el sentido contrario. Todo depende de mi estado de ánimo. Siempre la tengo difícil para identificar lo que va a satisfacer mis caprichos; el jardín es tan grande, tan colorido, tan prometedor...

Y todas esas bocas barnizadas, laqueadas, desgarrándose por la mitad, en oferta…

      A veces, se telescopean en pétalos venenosos, dando paso a un enorme agujero muy húmedo en el que no puedo encontrar mi lugar.
      Demasiado amplio.

      Cuando me viene esta sensación, me pongo furiosa. El sudor moja mi cuerpo, adhiriendo el pantalón a mi piel, dificultando mi andar. Debo calmar mis nervios entre dos vagones; que no se me olvide el placer sagrado y este no sea un viaje para nada.
      No me gusta perder mi semilla.     



                                                                         de Crescendo, novela de Franca Mai

martes, 24 de abril de 2012

(((...)))


Estábamos terminando de limpiar el patio del blog, cuando llegó P. Nos preguntó qué estábamos haciendo, y Crush le contestó: estamos poniéndole una bufanda a un hipopótamo hipotérmico, ¿qué: no se nota? P, que lo conoce de sobra a Crush, no le dijo nada; después de todo, él había preguntado lo obvio. Para eso, mejor hablar del clima. Como hacía rato que P. no venía a visitarnos, yo lo traté mejor y le pregunté cómo estaba, en qué andaba. Estoy terminando una novelita que me está poniendo canas verdes, dijo P, y se sentó en el sillón que usa Crush para mirar sus documentales sobre (e)nanotecnología. Se dice me está sacando canas verdes, le dijo el supuesto dueño del sillón. No, contestó rotundo P., a mí no se me cae el pelo. ¿Y de qué trata?, le pregunté rápido a P. a modo de paños fríos. No sé, creo que es una historia de suspenso; ocurre en varias ciudades, principalmente en Tokio; están implicados un escritorsuelo, unas gravure idol y Goebbels, el jefe de propaganda nazi; y hay algo así como un Gran Hacker Oculto, que articula. ¿Queres comer unas legumbres?, le ofreció de pronto, fuera de todo pronostico, mío sobre todo, Crush a P. No gracias, muy amable, acabo de comerme un kilo de zanahorias rayadas. ¿Y que más estas haciendo P.?, le pregunté antes de la casi segura insistencia de Crush con sus famosas legumbres. Trabajando en el negocio de insumos para encuadernaciones (atención al público, con cara de dormido o de sacado); traduciendo a Houellebecq (del frances al castellano), a Silvia Plath (del ingles al castellano) y a Lumpe Truk (del castellano al castellano); fumando; mirando películas de toda calaña (la última: una malísima, pésima, tópica, esdrújula, sobre el amor entre un diseñador de jardines depresivo y el espíritu de una chica en coma; con esa actriz mezcla de rubia y perrito pequinés, la de Legalmente rubia; tan mala, que hasta se olvidó el nombre y el resto de la trama); leyendo y leyendo como queriendo salirle por el otro lado a la realidad; tocando algo de música, poca y mala; dibujando casi nada (excepto por un fanzine para la feria de unos amigos); con muchas ganas de aerosolear denuevo; una que otra escena de lo que comúnmente llamamos vida social; navegando un poco en la webá, consumiendo (esa es la palabra exacta) bastantes videos en youtube, administrando (en solitario y en conjunto) algunas cuentas de blogspot, wordpress, faceboock, gmail, hotmail, etcétera. Miré la cara de Crush, parecía interesado en eso último; aunque con Crush nunca se sabe. 

En particular, de acuerdo a como se iba generando su propio mundo, a P. le interesaba (y sobre todo le gustaba) uno de esos blogs. ¿Sobre qué es ese blog?, le pregunté yo, viendo que Crush había perdido el interés y ahora  estaba pasándole el plumero a sus vasos Recuerdo de Puerto Madryn con forma de ballenas.  No lo tengo muy claro aún; hay un presentador, escribe en primera persona, es un mamífero cánido, bah: un perro, o por lo menos eso declara, y pone una foto como para sostenerlo; vive acompañado por alguien o algo, con el que las relaciones a veces se tensan / a veces se distienden; no sé por qué, siempre comen legumbres: sólo legumbres; esta especie de trama, cada tanto, es interrumpida por los gustos y los intereses del protagonista; en fin: que el tecleo, la tecladura, la teclación, hagan el resto. Después de un silencio, en el que solo escuchamos el plumero de Crush, P. nos contó que había empezado ese blog con su amiga (canina) Pavlova, quien ahora estaba enterrada en el patio de otra amiga (humana). Sí, la foto del perfíl es de ella. Sí, murió joven, como muchos de sus ídolos. ¿Tu perra tenía ídolos? No, tampoco es que era fanatica, pero le gustaban. ¿Quienes? Cobain, Basquiat, Plath, Morrison, Sophie Podolski, Lautreamont, Moura, Elliot Smith... tantos. ¿Y ella iba y los escuchaba?, le pregunté, lamiéndome una de las patas delanteras. ¿Me estás cargando Turba?: era una perra; yo le ponía las músicas o le leía, y ella prestaba atención o se relajaba. Ah, bueno.

Antes de que Crush llegara con su bandeja repleta de legumbres, dispuesto a sentarse para ver uno de sus documentales, P. se despidió diciendo que se le hacía tarde para regar los cactus. Una vez solos, con la boca llena, Crush se dijo como para sí, sin dejar de mirar la pantalla, que los cactus no se regaban.   

              

sábado, 24 de marzo de 2012

(((...)))


una vez más me encontraba ante la desidia, el olvido mala-onda de Crush. cuantas veces le había dicho que cuando usara la cinta de embalar dejara el borde plegado, así el próximo que la usara encontraría con facilidad el extremo... y sobre todo no se gasta la vista y las uñas. en eso, yo aún sin dar con el borde de la cinta, aparece Crush con nuestro vecino Racso (se llama Oscar, pero le gusta que le digan Racso; cuando empezó a estudiar cine se cambió el peinado y el nombre). viene a pedirnos un poco de legumbres. en realidad, viene a hablar y a intercambiar materiales: tiene un video que nos puede llegar a interesar, dice. no, por Dios, no, otra vez no, ya me lo veo venir. No necesito mirar a Crush para saber que me está mirando y se está sonriendo, achinando los ojos y sacando las paletas.

chau, vecino, chau. apenas se cierra la puerta, digo, con un tono reposado pésimamente mal actuado: Crush, no sé si es correcto seguir recibiendo el material de Oscar; mi problema no es darle legumbres, sino sus contenidos. Se llama Racso, me dice Crush mientras se lima las uñas con el mismo papel de lija que ha estado utilizando para darle los últimos retoques a su busto de yeso (es una cabeza de Paul McCartney que, para mí, parece más una de Francis Bacon -el pintór). Bueno, Racso, cómo sea. Nos quedamos en silencio unos minutos, ya oscureció, suena una alarma de auto a la distancia, ladran los perros desde un pátio contiguo. No seas tan estricto con el flaco, me dice Crush, después de todo no estuvo tan mal el speech de hoy. Esa tarde, Oscar nos habló de los diferentes animales que habían ocupado el lugar de representación de la población humana a lo largo de los últimos años de nuestra civilización. En el comienzo de nuestra era cristiana: la oveja (eramos rebaño, sobre todo según la pastoral cristiana); y por oposición, los que se salían del rebaño, luego de ser ovejas negras, hasta podían llegar a convertirse en lobos. Así hasta mediados de los 50s, en donde la velocidad de las mega-ciudades, el baby-boom y el vértigo del mercado hacían saltar a toda velocidad de una zanahoria a otra, de una madriguera a otra, a toda la pop-población: eramos conejos. finalmente, para la actual era farmacopornográfica (concepto de Beatriz Preciado), corresponde: el pollo (por el retoque genético, por la tecno-manipulación, por lo brutal de la condición de su producción como mercancía). Por supuesto que esa iconografía contaba con más animales, pero eran para casos más específicos y no para toda la población: perros, gatos, cerdos, caballos, insectos... los antes mencionados, nos hablaban de la población en general, los ciudadanos en relación con lo que Foucault llamó biopolítica, ese conjunto de tecnologías aplicadas sobre los cuerpos por el poder estatal. 

Crush afirmó ser chapado a la antigua: es decir, todavía era un bunny. Yo dije, inmediatamente después de ingerir en el más estricto silencio mi porción de legumbres, que no iba a ver el video de Oscar, que me iba a dormir. Se llama Racso, me dijo Crush. me acosté y abrí la novela que estaba leyendo, una sobre un marido que vuelve loca a su mujer, una afamada directora teatral, inyectándole todos los días elevadas dosis de ácido lisérgico en su pasta dentrífica; su plan, es hacerse con la importante herencia de su esposa, luego de internarla en una institución psiquiátrica; lo mejor de la novela, es la evolución de las obras que monta la directora, transcriptas íntegras en el libro, con las que va obteniendo, ante la estupefacción de su marido traidor, un éxito cada vez mayor.

...

Oscar. perdón, Racso. Racso es tatuador (le hizo el plano de una de las casas en las que se crió a Crush en la planta del pie izquierdo; le quedo bien; pero ese no es el punto). ¿de qué se trata el video que nos dejó por las legumbres? Crush no se rió cuando me lo relató. las imágenes mostraban a un chanchito, de un año o dos , más no tenía, con todo el cuerpo lleno de tatuajes. lleno. Él y sus amigos lo dormían y lo usaban para practicar.